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P. Florenskiy

-Biografía

-Bibliografía
-Oro (poema lírico)

 

 

 
 

 

 

 
 
 Padre Pavel Aleksandrovič Florenskij

 

"Pavel Florenskij, guardián de la memoria espiritual."


Introducción.


Presentamos una obra menor de uno de los representantes más destacados del pensamiento filosófico y religioso ruso de principios del siglo XX, la época llamada “edad de plata” de la literatura rusa. Se trata de Pavel Aleksandrovitch Florenskij. Por más de un motivo esta figura, poco conocida en nuestra cultura, puede causar extrañeza, y sólo un ánimo dispuesto a sondear los tesoros de sabiduría cristiana escondidos en su obra apreciará su valor profético . ¿Quién era padre Pavel, y cuál es la causa del gran atractivo de su figura? El objetivo del presente ensayo es ofrecer al lector español una primera presentación, de carácter introductorio, del llamado “Leonardo da Vinci ruso”. Seguimos en primer lugar los pasos de su biografía.
1. Biografía de Pavel Florenskij: en la escuela de la «verdad viviente»
Pavel Aleksandrovitch Florenskij nació el 9 de enero de 1882 en Evlach (localidad del actual Azerbaijan), de padre ruso y madre armena . El matrimonio entregó al mundo siete hijos. En los años 1892-1900 frecuentó el instituto de Tibilisi, donde recibió su primera formación y experimentó el primer choque entre las diversas visiones del mundo que se combatían mutuamente en aquellos años difíciles de cambio de época. La evolución personal de algunos de los pensadores rusos de la «edad de plata» presenta un rasgo común característico, algo así como una impronta generacional: es el paso por una crisis juvenil en la fe, motivada por el impacto de las ciencias naturales dentro del ambiente materialista y positivista de la cultura rusa pre-revolucionaria, crisis que acabará conduciendo a estos intelectuales al seno de la Iglesia ortodoxa, en cuya espiritualidad y teología fundamentarán una visión filosófica madura impregnada de una intensa religiosidad.
También la infancia y la juventud de Florenskij estuvieron marcadas por este proceso. En sus Memorias narra sus primeras experiencias, que sólo en un sentido muy amplio podemos considerar como religiosas: el joven Pavel, efectivamente, a falta de una explícita vivencia creyente familiar, creció en un clima de intenso contacto místico con la naturaleza, que alimentó lo que él llamaría su propia “cosmovisión infantil”. Consideraba como su verdadera maestra a la naturaleza, cuyo misterio escondido solicitaba siempre su curiosidad. Sus intereses se dirigieron muy pronto hacia las matemáticas, la física y las ciencias naturales, en un clima de pasión por las cuestiones filosóficas. Un primer paso en su evolución se cumplió en 1899, año marcado por una crisis espiritual: había comenzado su ansiosa búsqueda de la Verdad. Escindido interiormente por una lucha sofocante entre la visión científica, positivista y atea, de la vida, y su sentimiento infantil de comunión “mítica” con el mundo y con la historia, experimentó, finalmente, «una revelación, un descubrimiento, una conmoción, un golpe», que le hizo exclamar: «¡No, sin Dios no se puede vivir!» . Tras un período de angustia y de desesperanza, ayudado por la lectura de Lev Tolstoj, creció en él la convicción de que la verdad no puede ser patrimonio de círculos elitistas separados, sino que «la Verdad es la vida». Esta intuición marcará muy profundamente tanto sus búsquedas posteriores como el estilo de su cosmovisión, centrada en la fidelidad y el amor a lo que es universalmente humano .
La cosmovisión integral que Pavel Florenskij se esforzará por desarrollar, será la expresión, por una parte, de este sentimiento profundo de la verdad-vida que abraza la amplitud de lo universalmente humano, fraguado en las experiencias de la infancia y en los diversos momentos de su maduración personal. Y, por otra parte, será el fruto del esfuerzo por alcanzar, a partir de esta intuición-semilla, un conocimiento integral de la realidad con todos los medios que la ciencia pone a disposición del investigador. Decepcionado de la física como instrumento para alcanzar un conocimiento profundo de la realidad, se orienta hacia las matemáticas, que estudia de 1900 a 1904 en la Universidad de Moscú. Marcó decisivamente su espíritu el encuentro con el profesor Nikolaj V. Bugaev (1837-1903), quien le comunicó las claves e intuiciones matemáticas aptas para ilustrar su anhelada concepción religiosa del mundo, centradas especialmente en la teoría de la discontinuidad . Florenskij desarrolló una intensa actividad de autodidacta, con el estudio de las lenguas clásicas y la investigación de la historia de la filosofía. Trabó gran amistad con el hijo de Bugaev, Andrej Belyj, narrador, poeta y teórico del Simbolismo.
Pero las matemáticas y el simbolismo no agotaban su búsqueda de la verdad. La ciencia estaba al servicio de su pasión religiosa, y el encuentro decisivo que orientará su camino no se lo proporcionará la inteligentsia, sino precisamente su interés por «la gente sencilla con un conocimiento integral del mundo» . Ahora bien, estudiando la cultura del pueblo, de la mano de la gente sencilla es conducido a donde no esperaba: al seno de la Iglesia histórica y real, donde verá concretamente encarnados los valores anhelados. Florenskij se decidirá a permanecer para siempre en el seno de la Iglesia, a pesar del desprestigio de la Ortodoxia ante el mundo intelectual y de la incomprensión de sus amigos .
A ese descubrimiento y aprecio de la Iglesia contribuyó de manera decisiva el encuentro y diálogo del joven estudiante con el obispo-staretz Antonij, y con nuestro staretz Isidor, en la Laura de la Trinidad de San Sergio, lugar que constituirá hasta su arresto su verdadera patria espiritual. Ambos startzy, el primero docto teólogo, y el segundo simple monje que destacaba por su extrema sencillez, confirmaron en Florenskij los dos rasgos que delinearán su futuro perfil intelectual: la erudición científica y la atención a las expresiones pre-filosóficas del pueblo, guardián de la cosmovisión integral o universalmente humana. En el padre Isidor sobre todo encontró Florenskij la luz de Cristo, que acabó de derribar su fariseísmo intelectual (cf. el capítulo 12 de este libro, la «Conversación sobre la Piedra»). Él, en su simplicidad, fue el maestro decisivo en su búsqueda de la verdad, a la escucha de la “verdad viviente”, en la escuela de los padres espirituales .
A partir de ahora Florenskij se empeñará en dar expresión teológica a aquella «profundidad llena de misterio de la vida, y la Luz desde la profundidad» , que constituyó la experiencia de su infancia y que había fraguado ya intelectualmente como una cosmovisión cristiana y decididamente eclesial. Por eso, en el año 1904, tras defender su Tesis doctoral sobre el tema de la discontinuidad, rechazó la cátedra de matemáticas que le fue ofrecida para poder cultivar adecuadamente sus intereses teológicos, inscribiéndose, de 1904 a 1908, en la Academia Teológica de Moscú. Conseguida la licencia en teología, en septiembre de 1908 le fue conferida la Cátedra de Historia de la Filosofía en la Facultad teológica, en la que desarrollaría su labor docente hasta 1921. Tras afrontar nuevas crisis en su primera etapa profesional, comienza el período de su intenso trabajo científico, de la ejercitación de su pasión filosófica y de su compromiso familiar y eclesial maduro.
El 23 de agosto de 1910 contrajo matrimonio con Anna M. Giacintova (1889-1973). Fue su mujer quien le impulsó definitivamente a asumir el sacerdocio, ordenándose como presbítero el 24 de abril de 1911. El 3 de junio de este mismo año nació su primer hijo, Vasilij, al que seguirían otros cuatro.
Del 1912 al 1917 estuvo encargado de la dirección de la Revista de la Academia teológica, Bogoslovskij Vestnik. Su actividad intelectual de estos años se desarrolló en los campos de la filosofía, de la lógica simbólica, de la matemática y la física, de la lengua hebraica, siendo la corriente unficadora en todos estos estudios la búsqueda apasionada de la Verdad última y de su radicación en la Trinidad divina. En 1914 obtiene la libre docencia en Teología y publica su gran obra teológica, La columna y el fundamento de la verdad. Ensayo de teodicea ortodoxa en doce cartas, obra impacientemente esperada, y que gozó de una resonancia inmediata.
El año 1917 estalló la Revolución rusa, y este hecho marcó el comienzo de un período difícil en la vida de la familia Florenskij. Hasta el año 1933 padre Pavel, no dispuesto a emigrar, tendrá que compaginar su actividad sacerdotal con la colaboración científica y técnica en diversas instituciones del nuevo Estado, presentando en los ambientes de sus nuevas instituciones esa extraña figura de científico-inventor en traje talar, que no renunció a su dignidad eclesial. Hubo de abandonar toda actividad teológica, y se dedicó a la enseñanza de física y matemáticas en la Escuela técnico-pedagógica de Sergiev Posad, promoviendo disciplinas nuevas, como didáctica de la geometría y enciclopedia de las matemáticas. En los años 1918-1920 trabajó como organizador responsable de la Comisión para la salvaguardia de los Monumentos del Monasterio de S. Sergio, leyendo conferencias en defensa de las obras de arte religiosas como patrimonio cultural y luchando, como un verdadero guardián de la memoria, por la educación de las nuevas generaciones en una visión espiritual de la vida y de la cultura que él denominará “realista” en contraposición al “ilusionismo” de la época moderna.
En 1919 se vio obligado a trabajar en la fabrica de material plástico “Karbolit” como consejero, después como responsable de la producción. En 1921 trabajó como investigador en el laboratorio de la Glavelektro, colaborando en la electrificación de Rusia y ejercitando al mismo tiempo sus funciones de presbítero. Publicó artículos técnicos y continuó llevando a cabo numerosas invenciones físicas, de gran utilidad para la economía soviética. Enseñó teoría del espacio en el arte en la Facultad Poligráfica del VCHUTEMAS (Laboratorios superiores de Arte y Técnica) de 1921 a 1924. Fue también miembro del VSNCH, (Consejo superior de la economía nacional). Se convirtió en el guía espiritual del grupo artístico-literario que patrocinaba la revista Makovec. Con la intención siempre viva de salvaguardar la concepción cristiana de la vida, en esta época el interés fundamental de Florenskij, se dirigía a la función del símbolo como eje fundamental de toda la visión religiosa del mundo. En 1924 fue elegido miembro del Consejo Central para la Electrotécnica de la Glavelektro, publicando diversos trabajos de investigación científica.
En el año siguiente, 1928, la persecución religiosa del gobierno soviético arremetió contra el Monasterio de la Trinidad de San Sergio, considerado como cuna de oscurantismo clerical por parte del poder dominante. El 21 de mayo fue arrestado como elemento socialmente peligroso, sufriendo una condena de tres años, reducida a tres meses gracias a la intervención de la ex-mujer de Máximo Gor’kij. Fue exiliado a Ninij Novgorod, donde trabajó en estudios sobre radioactividad y continuó su actividad científica y de escritor, desarrollando el concepto de pneumatosfera, sobre la base del de noosfera del académico amigo suyo V.I. Vernadskij. En 1929 pudo volver a Moscú y recuperar su puesto de trabajo. Accedió a nuevos cargos técnicos: en 1930, vicedirector del Instituto electrotécnico K.A. Krug; en 1931, miembro de la Dirección central para el estudio del material aislante, diversos trabajos y nuevas investigaciones en el Cáucaso; en 1932, miembro de la Comisión para la estandarización de los símbolos y términos técnico-científicos en el Consejo del trabajo y de la defensa de la URSS. En estos años aparecen algunos otros ensayos y artículos científicos.
La vida de este trabajador infatigable, de un genio creador inusitado, sería puesta a prueba duramente en la última etapa de su existencia, que comienza con el arresto de 1933. Las acusaciones como enemigo del pueblo se fueron haciendo más numerosas, y cada vez se toleraba menos la presencia de un pope ortodoxo en las actividades científicas. El 26 de febrero fue arrestado como miembro del inexistente “Partido para el renacimiento de Rusia”, bajo una acusación falsa, apoyada en la confesión forzada del profesor P. Giduljanov. Florenskij optó por no desmentir la acusación, sacrificando así su propio destino, con tal de no obstaculizar la liberación de diversos prisioneros. Una declaración de padre Pavel hace comprender el sentido espiritual de esta elección tan dolorosa: «Ha habido justos que han advertido con particular agudeza el mal y el pecado presentes en el mundo, y que en su conciencia no se han separado de aquella corrupción; con gran dolor han tomado sobre sí la responsabilidad por el pecado de todos, como si fuese su propio pecado personal, por la fuerza irresistible de la particular estructura de su personalidad».
El 26 de julio fue condenado a diez años de lager, pasando seis meses en la terrible cárcel de la Lubjanka. El 1 de diciembre de 1933 ingresó en el lager de Svobodnyj, en la Siberia oriental, donde le fueron confiadas nuevas misiones científicas. Ni siquiera en los campos de trabajo forzado se agotó su creatividad y su deseo de aportar a la cultura, por medio de experimentos y descubrimientos científicos, su visión integral del mundo. Las cartas que Padre Pavel dirigió a su familia durante los años difíciles de la prisión constituyen un testimonio insuperable de la voluntad de comunión de un hombre que, en medio del caos externo e interno, encuentra en la palabra cuidadosamente elaborada y trágicamente entregada el medio para seguir afirmando la vida y acompañando con delicadeza y precisión, tanto más sorprendente cuanto más grande era la distancia y los motivos para desesperar, la educación de cada uno de los hijos. Las cartas desde los diversos lager en que Padre Pavel se vio recluido constituyen la última síntesis de un pensamiento elaborado siempre de cara a los demás, de una experiencia acumulada para enriquecer la vida de las generaciones futuras ; pero, sobre todo, son el testamento de un gran creyente.
El 10 de febrero de 1934 fue transferido al campo de Skovorodino. Llevó a cabo aquí investigaciones publicadas más tarde por sus colaboradores: Večnaja merzlota (El hielo perpetuo). En abril comenzó a escribir el poema lírico Oro, dedicado a su hijo Michail y a recoger material para un diccionario orocheno-ruso. Gracias a una nueva intervención de la mujer de Gor’kij pudo tener lugar un último encuentro con la mujer y los hijos menores en el verano de 1934. El 17 de agosto fue encerrado, inesperadamente, en una celda de aislamiento hasta el 1 de septiembre, fecha en que fue transferido al lager de las islas Solovki, en el Mar Blanco. En la islas, el espacio sagrado de un antiguo monasterio había pasado a ser la sede del más terrible de los campos de represión del régimen estalinista. Del 12 de septiembre al 12 de octubre fue encerrado de nuevo en una celda de aislamiento en Medvež’egorsk (en Carelia), y transferido el 13 de octubre a Kem’, de donde volvió a Solovki en la mitad del mismo mes. El 15 de noviembre comenzó a trabajar en un establecimiento local para la extracción del yodo, ocupándose para ello del estudio de las algas marinas. Durante los dos años siguientes, 1935-1936, tuvo en el lager lecciones de matemáticas, de tecnología y de química de las algas. En el verano de 1937 el lager fue transformado en prisión especial. A partir de entonces desarrolló la función de guardia nocturno de la fábrica de yodo. Nuevamente condenado, el 25 de noviembre fue privado de la autorización de mantener correspondencia con los familiares. A partir de este momento, perdidas las trazas del recluso, comenzaron a circular numerosas versiones, algunas verdaderamente legendarias, sobre su muerte, que la oficina del estado civil de Leningrado registró falsamente el 15 de octubre de 1943. Hoy, gracias a una carta enviada a la familia el 11 de enero de 1990 por el KGB, se sabe cómo sucedieron las cosas: tras nuevas acusaciones de propaganda contrarrevolucionaria, la dirección del NVKD de Leningrado, reunida el 25 de noviembre de 1937, dio la orden de fusilar a Pavel Florenskij. La sentencia fue ejecutada el 8 de diciembre de 1937. Su rehabilitación oficial no tuvo lugar hasta los años 1958 y 1959.
2. Su obra: «teodicea» trinitaria y «antropodicea» sacramental
Florenskij dividió su producción intelectual en dos etapas de contenido y orientación diferente, marcadas por el esfuerzo de construir, en sus propias palabras, una «teodicea» y una «antropodicea» ortodoxas.
Ambas etapas de un mismo proyecto unitario configuran la reflexión de Pavel Florenskij como un intento de comprensión integral del mundo, como elaboración de una “cosmovisión integral” en el momento mismo en que la cultura europea se ve sofocada por la especialización, y los cambios epocales en la ciencia y en la cultura de principios del siglo XX anhelan la integridad, la unitariedad y el aliento de la cultura espiritual. El pensamiento de Florenskij, bien consciente del momento que vive, quiere ofrecerse al diálogo con la cultura científica sedienta de sentido, presentándole, desde el centro de la fe y desarrollando coherentemente las líneas de fondo de la tradición teológica y espiritual del Oriente cristiano, sobre la base de lo que podemos llamar una lectura ontológica de la página bíblica, y con los métodos y el lenguaje de la misma ciencia, una cosmovisión trinitaria y mistérica (en el sentido sacramental que la teología griega, desarrollando la concepción de San Pablo, descubre en la palabra mistêrion).
La etapa de la teodicea fraguó en la publicación de su obra más importante, La columna y el fundamento de la Verdad , obra genial tanto por su género literario como por la profundidad de sus intuiciones y la vastedad de los campos a los que acude intentanto aportar datos para un conocimiento viviente y racional-espiritual de la Verdad eclesial. Resumo seguidamente las líneas generales de su reflexión.
La teodicea, en sentido amplio, intenta justificar racionalmente la existencia de Dios, proporcionando a la razón vías y pruebas para la superación de las dudas radicales, que tienen su origen sobre todo en la cuestión del mal y del sufrimiento en el mundo. En su teodicea, Pavel Florenskij describe, sobre la base de su propia experiencia personal, el camino intelectual que, partiendo de la duda y de la búsqueda apasionada de la Verdad absoluta, llega al puerto de la Verdad trinitaria, indicando en la fe y en el amor las vías para el conocimiento real de Dios. En último termino, es la misma Verdad la que se muestra al hombre en un acto de gracia. La duda es superada y la certeza es alcanzada porque la Verdad misma, que es una Persona viviente, entra en relación personal con el hombre. De este modo, Florenskij muestra que no es la razón humana la que crea la Verdad, sino que, por el contrario, es la misma Verdad objetiva y viviente la que da un sentido a la razón, y la que pone de manifiesto la característica más importante de la verdad, sobre la que nuestro autor fundamentará toda su reflexión: la verdad es antinómica, se presenta en este mundo como una contraposición de juicios igualmente verdaderos. Sólo siguiendo el camino de las antinomias fundamentales de la fe, donde la contraposición es resuelta en la profundidad de la Verdad espiritual, pueden las contradicciones de la razón y de su ejercicio encontrar una iluminación en el claroscuro del Misterio, abriéndose a una ley nueva, a la racionalidad propia de la misma Verdad trinitaria divina. Florenskij dirá que no existe una vía de escape para esta alternativa: «o la Trinidad o el infierno». O entrar, abriéndose en un esfuerzo de autosuperación, en la experiencia suprema de la santidad de Dios y de la profundidad de su vida en el Espíritu Santo, o morir en la contradicción de la autoafirmación y del egoísmo. La cima de la búsqueda de la teodicea es el encuentro personal con la santidad de Dios. Pero esta santidad es conservada, indicada y expresada precisamente en el dogma eclesial, y precisamente en el dogma del homoousios, de la unidad de esencia de las Tres Personas Divinas. De este modo, la teodicea de Florenskij quiere conducir a la razón a la experiencia personal, creyente y profunda, de la realidad expresada por el dogma principal de la fe, quiere ser una vía que, desde dentro, conduzca al corazón de la Verdad absoluta, que no es otra cosa que el amor de las Tres Personas divinas. Desde el seno de este amor trinitario creador Florenskij desarrolla una visión espiritual del cosmos y de la Iglesia en la Sofía, personificación de la Memoria divina. Precisamente este esfuerzo de mostrar la riqueza interior de la Verdad cristiana al hombre contemporáneo, que no encuentra, según la expresión de Florenskij, las puertas para poder acceder al templo de la fe y respirar en él como en su propia casa, es el motivo del insólito estilo literario de su teodicea. Ésta se presenta, no, como se podría esperar, en la forma de un tratado clásico de teología, sino como un conjunto de cartas a un amigo, llenas de referencias personales sacadas de la propia experiencia de vida, porque, para padre Pavel, sólo la relación de la amistad puede comunicar el fuego interno de la verdad, encender en el corazón, con sus palabras, «el Sol de Emaús» , es decir, la convicción interna de la fe que transforma la vida.
La etapa de la antropodicea, proyectada por Florenskij en la forma de un ensayo global, no llegó a completarse, y de ella tenemos algunos grupos de lecciones y de ensayos -acabados muchos de ellos en el año 1922-, la mayoría de los cuales han sido publicados sólo mucho más tarde.
Podemos considerar de un modo general varios grupos de trabajos en la antropodicea. Destaca, en primer lugar, la fase propiamente teológica, constituida por las lecciones sobre la Filosofía del culto , que son el desarrollo, en clave antropológica y sacramental, de los temas de La columna, encaminados a mostrar la experiencia del culto como matriz de la cultura humana, en la convicción de que «la cultura proviene del culto». La Filosofía del Culto sigue inmediatamente al trabajo de la teodicea como su complemento fundamental. El estudio de la visibilidad sacramental orientará la dirección de la antropodicea hacia el tema del símbolo y de la relación que éste establece entre el mundo divino y el mundo visible. Un grupo de ensayos, contemporáneos a la Filosofía del culto, versan sobre el arte y la cultura, y son el fruto de los esfuerzos de Florenskij por salvaguardar el patrimonio espiritual del Monasterio de San Sergio y de la cultura rusa , amenazada por la destrucción iconoclasta de la Revolución.
De las lecciones de filosofía en la Academia teológica de Moscú Florenskij recogió un amplio material para la elaboración de una obra filosófica de gran alcance, íntimamente ligada a las preocupaciones de La filosofía del culto, la obra En las vertientes del pensamiento, rasgos de una metafísica concreta , donde nuestro autor amplía y desarrolla su cosmovisión global aplicándola al estudio de los más diversos ámbitos de la cultura humana, forjada en el culto, como el arte, el lenguaje, el linaje y el vínculo generacional, el significado del nombre personal, la economía y la técnica.
3. «La sal de la tierra»: el misterio de la belleza espiritual
La pequeña obrita que presentamos narra la vida nada grandilocuente de un simple padre espiritual. ¿Qué pudo atraer tanto la atención del gran hombre de cultura que fue Pavel Florenskij en este monje sencillo y, por muchos aspectos, desconcertante? Precisamente, el misterio de su gran libertad espiritual. El filósofo, consultando al sencillo, aprende las claves espirituales que sostendrán para siempre su pensamiento. Ningún genio nace por generación espontánea. Pavel Florenskij tiene un padre: el staretz Isidor. Narrando los hechos de su héroe, padre Pavel reconoce que la fuente de todo gran pensamiento es la simplicidad espiritual, que la fuente de la originalidad más profunda es el reconocimiento del propio origen en el engendramiento de otro. La obrita es un homenaje de hijo a quien le ha engendrado en la sintonía con Cristo.
Es mucho lo que ha quedado en la reflexión de Florenskij del encuentro con este santo staretz. En su figura verá padre Pavel el ejemplo de la creación restaurada en la persona del santo. El centro de la creación es la persona salvada. Nuestro autor, en una de las cartas de su obra fundamental, La columna y el fundamento de la Verdad, explorará la belleza objetiva de la creación restaurada partiendo de la contemplación de la la belleza de la vida espiritual en el rostro de una persona viviente, la persona de su padre espiritual:
«Allí, en esta casita desierta, durante aquellas tardes solitarias, me venía con claridad el recuerdo del difunto staretz Isidor. Lleno de gracia, y hecho admirable por la gracia, él me ha entregado en mi vida la percepción más firme, indudable y pura de una persona espiritual. Lo que antes se limitaba a palpitar a veces en mis sueños tomaba forma ahora ante mí, tangible y visible. El mundo espiritual se volvía sensiblemente más real que el mundo carnal. A partir de entonces, todo sentimiento experimentado, toda nueva impresión, eran verificados por este hecho, que presentaba una gran certeza. Y tuve el deseo de poner en limpio los pensamientos y los sentimientos que acompañaban en mí a la imagen del starec Isidor; quise tomar conciencia de la belleza de la vida espiritual» .
La impresión de belleza y de integridad producida por el encuentro con el staretz Isidor despierta en Florenskij la “impresión de realidad” del mundo espiritual. Es esto lo que el santo engendra en el hijo con su paternidad: la experiencia de la belleza. Porque, efectivamente:
«La persona portadora del Espíritu es bella. Lo es con un doble título. Lo es objetivamente, en cuanto objeto de contemplación para su entorno; lo es subjetivamente, en cuanto foco de una contemplación nueva y purificada de lo que le rodea. En el santo, la admirable criatura original se ofrece a nuestra mirada; para la mirada del santo, aquélla se despoja de su corrupción» .
La persona espiritual es pneumatófora y, por eso precisamente, es bella: ha llegado a plasmar en su elemento empírico y en el contenido psicológico de su conciencia la semejanza divina de la “Hipóstasis de la belleza”, el Espíritu Santo.

En su sencillez, la biografía del abba Isidor constituye todo un tratado de espiritualidad. Te invitamos, querido lector, a hacer con este libro una visita a un simple eremitorio. Al principio todo te puede parecer banal. Seguro que no volverás indiferente. Descubrirás la complejidad infinita de la simplicidad. Lee este librito como un paseo por un prado de fragancia exquisita. Sabemos que no te decepcionará.
 

 

Por p.Francisco José López Sáez

 

El texto pertenece a la introducción a la obra traducida del ruso por  p. Francisco José López Sáez "La sal de la tierra" de p. P. Florenskij, Sígueme, Salamanca 2005.

 

 

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