Испанская Ассоциация Владимир Соловьев


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N. Berdaev

-Biografía

 

 

 
 

 

 

 
 
 Nikolai Alexandrovich Berdiaev

 

Nikolái Alexandróvich Berdiáev (1874-1948) nace el 19 de marzo de 1874 en Kiev, actual capital de Ucrania pero en aquel entonces perteneciente al imperio ruso, en el seno de una familia aristocrática. La particularidad de pertenecer a la más alta nobleza rusa no fue un mero accidente sin más implicaciones en su vida. Por el contrario, marcó profundamente su personalidad y definiría en alto grado sus primeras vinculaciones políticas. Su padre, A. Berdiáev, era un hombre culto, que había logrado formar una amplia biblioteca burlando la férrea censura imperante en el reinado del zar Alejandro III. Las características de Kiev tanto geográficas como económicas, con su creciente y activo comercio dirigido fundamentalmente hacia el oeste, junto a los prolongados y frecuentes viajes a Occidente, le habían puesto en contacto con la cultura europea, fundamentalmente con Francia. Esta actividad comercial y la privilegiada situación de Kiev llevó al padre de Nikolái a pertener a una nueva clase que se comenzaba a forjar en Rusia: "Entre opresores y oprimidos existía una pequeña clase culta, casi toda de lengua francesa, consciente de la enorme brecha entre el modo en que podía vivirse la vida, o se vivía en el Occidente, y el modo en que la vivían las masas rusas. Eran, en su mayoría, hombres con aguda conciencia de la distancia entre justicia e injusticia, entre civilización y barbarie, pero conscientes, asimismo, de que era demasiado difícil alterar las condiciones, de que ellos mismos tenían demasiados intereses creados en el régimen, de que una reforma podía causar el desplome de toda la estructura."[1]
            Los Berdiáev habían sido distinguidos militares de gran fama dentro del ejército ruso y mantenían grandes privilegios en él. Desde los ancestros más remotos todos ellos habían sido generales y caballeros de san Jorge, y a su vez habían sido agraciados desde la corte con importantes cargos civiles. El bisabuelo de nuestro filósofo, N. M. Berdiáev, fue gobernador general en Novorossiysk y su correspondencia circuló como obra de pensamiento durante los albores del siglo XIX. Su abuelo, M. N. Berdiáev, había sido distinguido como héroe en la guerra contra la invasión napoleónica al tomar el mando su diezmada división a pesar de ser sólo teniente -pues los mandos superiores habían perecido en combate-, lanzando una contraofensiva contra un confiado ejército francés que valió a las tropas rusas la victoria en la importante batalla de Kulm. Además, era presentado como ejemplo del buen oficial por su excelente trato con los soldados, contando entre sus medallas con una en forma de corazón regalada por sus subordinados con motivo de su ascenso a general, con una inscripción que decía: «Dios te guarde por tu bondad». A. Berdiáev, padre de Nikolái, era oficial de la Guardia de caballería, por un tiempo fue Jefe de la nobleza -cargo honorífico-, y durante veinticinco años Presidente del Banco agrario del Suroeste a la vez que juez de honor. En definitiva, se trataba de una familia prestigiosa, adinerada, ligados por estrechas relaciones de amistad con personas cercanas al zar Alejandro III, entre las que estaba incluido el general-ayudante Tchérévine, comandante de Palacio.
            Su madre, nacida princesa Koudáchev, era más francesa que rusa, y de hecho logró que en su casa se hablara prácticamente siempre en francés. Pertenecía a la alta aristocracia polaca, aunque su madre era la condesa Matilde de Choiseul-Gouffier. Su familia poseía mansiones en Kiev, París, Niza y Roma, y se codeaba con las casas reales más florecientes del siglo XIX. Ella pasó su primera infancia en París, ciudad que añoraba a menudo y de la que nunca logró despegar su alma. Ortodoxa de origen, se sentía profundamente católica y llevaba siempre consigo un misal francés para recitar sus plegarias. La vida en Rusia, un país donde el reloj del tiempo parecía haberse detenido en el medioevo, le ahogaba. Anhelaba la vida en la ciudad, la conversación, la alegría de París, aunque tampoco era indiferente ante la belleza incomparable de Kiev.
La curiosa mezcla que se produce en el ambiente familiar no podía dejar de influir en el joven Nikolái. Su padre, como hemos señalado, era un hombre ilustrado, que "avait des opinions très libérales, ne se représentait la vie que dans une société patriarcale, déterminée par les relations de parenté." Mantenía ese cinismo volteriano tan propio de la nobleza en esta época de la historia de Rusia y que consistía en afirmar en privado su apego a los principios liberales y al mismo tiempo apoyar al régimen zarista en público. Sólo al final de su vida simpatizó con la visión religiosa de Tolstoi, desde un plano meramente sentimental que reducía la religión a la práctica autosatisfecha de la caridad. Dotado de una amplia biblioteca, en la que no faltaban clásicos del pensamiento europeo como Kant, Hegel, Saint-Simon, Fourier o Schelling, había desarrollado un amplio amor al saber unido a un profundo odio a las tradiciones, al formalismo, a la inmensa apatía reinante en la Rusia del siglo XIX. De su padre, Nikolái heredará la sed por la cultura, el espíritu reformista, el extremo nerviosismo y un inicial desprecio por la práctica religiosa. Junto a este espíritu paterno, que fue el dominante durante su juventud, se irán desarrollando en él a lo largo de los años las virtudes maternas: la piedad, la religiosidad, el impulso místico.


 

por Prof. Marcelo López Cambronero
Profesor de Ética de la Universidad Católica de Murcia


 

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[1] Berlin, Isaiah, "Una década notable", en Pensadores rusos. Trad. Juan José Utrilla. Madrid: f.c.e., 1979, págs. 235-236. Título original: Russian thinkers, Henry Hardy (ed.), London: The Hogarth Press, 1978.
 

 

 

 

 

 


 

 

 

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